Dios puede preservarlos a
ustedes de todo pecado y hacer que se presenten ante su
gloria gozosos y sin mancha
Lectura de la carta del apóstol
san Judas
7, 20b-25
Queridos hermanos: Edifiquen su
vida sobre la santidad de su fe. Oren movidos por el Espíritu Santo y
consérvense en el amor de Dios esperando que la misericordia de nuestro Señor
Jesucristo les dé la vida eterna.
Ayuden a los que tienen dudas; a unos, sálvenlos arrancándolos del fuego; a
otros, compadézcanlos, aunque con cautela, aborreciendo incluso el vestido
contaminado por su cuerpo.
Al que tiene poder para mantenerlos sin pecado y presentarlos alegres e
intachables ante su gloria; al Dios único que es nuestro Salvador, la gloria,
la majestad, la soberanía y el poder, por medio de nuestro Señor Jesucristo,
desde antes de todos los tiempos, ahora y por todos los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 62, 2.3-4.5-6
Señor, mi alma tiene sed de
ti.
Sitívit in te ánima mea,
Dómine Deus meus.
Oh
Dios, tú eres mi Dios, desde el amanecer te deseo; estoy sediento de ti, a ti
te anhelo en una tierra sedienta, reseca, sin agua.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Sitívit in te ánima mea,
Dómine Deus meus.
Quisiera contemplarte en tu
templo, ver tu poder y tu gloria. Tu amor vale más que la vida, te alabarán mis
labios.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Sitívit in te ánima mea,
Dómine Deus meus.
Te bendeciré mientras viva,
hacia ti levantaré mis manos. Me saciaré como en un espléndido banquete, y mi
boca te alabará con alegría.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Sitívit in te ánima mea,
Dómine Deus meus.
Aleluya, aleluya.
Que la palabra de Cristo habite en ustedes abundantemente. Háganlo todo dando
gracias a Dios Padre por medio de Cristo.
Verbum Christi hábitet
in vobis abundánter; grátias ágite Deo et Patri per
Christum.
Aleluya.
¿Con qué autoridad haces todo esto?
† Lectura del santo Evangelio según
san Marcos
11, 27-33
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos
llegaron de nuevo a Jerusalén y, mientras Jesús caminaba por el templo, se le
acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le preguntaron:
"¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado esa autoridad
para actuar así?"
Jesús les respondió:
"También yo les voy a hacer una pregunta. Contéstenme y yo les diré con
qué autoridad hago esto. ¿De dónde venía el bautismo de Juan: de Dios o de los
hombres? Contéstenme".
Ellos se pusieron a razonar así:
"Si decimos que de Dios, dirá: Entonces, ¿por qué no le creyeron? Pero
¿cómo vamos a responder que era de los hombres?"
Tenían miedo a la gente, pues todos consideraban a Juan como profeta. Así que
respondieron a Jesús:
"No sabemos".
Entonces Jesús les replicó:
"Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago estas cosas".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.